miércoles, abril 4

El niño súper campeón




Había una vez un niño al que lo que más le gustaba en el mundo era ganar. Le gustaba ganar a lo que fuera: al fútbol, a los cromos, a la consola... a todo. Y como no soportaba perder, se había convertido en un experto con todo tipo de trampas. Así, era capaz de hacer trampas prácticamente en cualquier cosa que jugase sin que se notara, e incluso en los juegos de la consola y jugando solo, se sabía todo tipo de trucos para ganar con total seguridad.

Así que ganaba a tantas cosas que todos le consideraban un campeón. Eso sí, casi nadie quería jugar con él por la gran diferencia que les sacaba, excepto un pobre niño un poco más pequeño que él, con el que disfrutaba a lo grande dejándole siempre en ridículo.

Pero llegó un momento en que el niño se aburría, y necesitaba más, así que decidió apuntarse al campeonato nacional de juegos de consola, donde encontraría rivales de su talla. Y allí fue dispuesto a demostrar a todos sus habilidades, pero cuando quiso empezar a utilizar todos esos trucos que sabía de mil juegos, resultó que ninguno de ellos funcionaba. ¡Los jueces habían impedido cualquier tipo de trampa!

Entonces sintió una vergüenza enorme: él era bueno jugando, pero sin sus trucos, fue incapaz de ganar a ninguno de los concursantes. Allí se quedó una vez eliminado, triste y pensativo, hasta que todo terminó y oyó el nombre del campeón: ¡era el niño pequeño a quien siempre ganaba!

Entonces se dio cuenta de que aquel niño había sido mucho más listo: nunca le había importado perder y que le diera grandes palizas, porque lo que realmente hacía era aprender de cada una de aquellas derrotas, y a base de tanto aprender, se había convertido en un verdadero maestro.

Y a partir de entonces, aquel niño dejó de querer ganar siempre, y pensó que ya no le importaría perder algunas veces para poder aprender, y así ganar sólo en los momentos verdaderamente importantes.

Autor.. Pedro Pablo Sacristán

jueves, marzo 22

La Hora del Planeta

La Hora del Planeta (LHP/Earth Hour) es la acción voluntaria más importante del mundo en la lucha contra el cambio climático y es promovida por WWF, la organización mundial de conservación.

Se trata de una iniciativa de sensibilización pública, que busca la participación de las ciudades, las corporaciones y principalmente las personas para que apaguen sus luces no esenciales y los aparatos eléctricos prescindibles durante una hora, La Hora del Planeta, en señal de su compromiso por el cuidado del medio ambiente.

Este gran evento, que se inició hace cinco años en Sydney, Australia, se ha masificado a tal punto que en su última versión, en marzo de 2011, logró la participación de 1,8 billones de personas en todo el mundo, en más de 5 mil 200 ciudades, en 135 países y territorios. Durante La Hora del Planeta 2011 se apagaron monumentos emblemáticos, como la Torre Eiffel,en París, el Palacio de Buckingham, en Londres, el Cristo Redentor, de Río de Janeiro, o el edificio más alto del mundo, el Burj Khalifa, en Dubai. Sin embargo, esta iniciativa que partió como una idea de una ciudad, hoy día se ha transformado en un símbolo y en un movimiento que une a las personas en torno a la idea de ir “más allá de una hora”, comprometiéndolos a realizar en forma permanente acciones que contribuyan a mejorar la salud del planeta.

Este año La Hora del Planeta se realizará el sábado 31 de marzo entre las 8:30 y las 9:30 pm. Cientos de millones de personas alrededor del mundo y también en Chile participarán de ella. Tú también puedes unirte y hacer un cambio.

Sumarse a La Hora del Planeta 2012 implica:

• Apagar las luces no esenciales y desconectar los equipos eléctricos una hora, entre las 8.30 y las 9.30 pm de este sábado 31 de marzo.

• Mantener acciones más allá de los sesenta minutos que dura La Hora del Planeta, convirtiéndolas en prácticas cotidianas.

martes, marzo 20

Ladrones en el jardín

Se había corrido la noticia de que en el jardín había ladrones y el señor escarabajo temía que su casa fuera la siguiente, pues todos sabían que acababa de recoger su gran cosecha anual de comida, así que ese día montó guardia en la ventana. Vigilaba con un catalejo todo lo que se movía, y vio como a un tiempo se acercaban una peligrosa araña negra, y una preciosa mariquita.

El escarabajo hubiera ido a hablar con la mariquita, pero tenía que vigilar su casa de la araña. La araña de acercaba más, así que armándose de valor, salió a la puerta y se encaró con la araña. Le costó algún tiempo asustar a la araña, hasta que finalmente se alejó. El escarabajo volvió triunfante a su casa, pero al llegar a la puerta la encontró abierta y toda su comida había desaparecido. Al volver fuera tuvo el tiempo justo para ver de lejos a la mariquita huir con toda su comida.

Apenado, fue a contarlo a la policía del jardín, donde le contaron que suponían que sería el siguiente, y habían enviado a su mejor agente, una araña recién llegada como refuerzo, para ayudarle. Así, el escarabajo aprendió a no dejarse llevar por los prejuicios y las apariencias.

Autor.. Pedro Pablo Sacristán





martes, marzo 6

LOS DOS CONJUROS


Había una vez un rey que daba risa. Parecía casi de mentira, porque por mucho que dijera "haced esto" o "haced lo otro", nadie le obedecía. Y como además era un rey pacífico y justo que no quería ni castigar ni encerrar a nadie en la cárcel, resultó que no tenía nada de autoridad, y por eso dio a un gran mago el extraño encargo de conseguir una poción para que le obedecieran.


El anciano, el más sabio de los hombres del reino, inventó mil hechizos y otras tantas pociones; y aunque obtuvo resultados tan interesantes como un caracol luchador o una hormiga bailarina , no consiguió encontrar la forma de que nadie obedeciera al rey. Se enteró del problema un joven, que se presentó rápido en palacio, enviando a decir al rey que él tenía la solución.

El rey apareció al momento, ilusionado, y el recién llegado le entregó dos pequeños trozos de pergamino, escritos con una increíble tinta de muchos colores.

- Estos son los conjuros que he preparado para usted, alteza. Utilizad el primero antes de decir aquello que queráis que vuestro súbditos hagan, y el segundo cuando lo hayan terminado, de forma que una sonrisa os indique que siguen bajo vuestro poder. Hacedlo así, y el conjuro durará para siempre.

Todos estaban intrigados esperando oir los conjuros, el rey el que más. Antes de utilizarlos, los leyó varias veces para sí mismo, tratando de memorizarlos. Y entonces dijo, dirigiéndose a un sirviente que pasaba llevando un gran pavo entre sus brazos:

- Por favor, Apolonio, ven aquí y déjame ver ese estupendo pavo.

El bueno de Apolonio, sorprendido por la amabilidad del rey, a quien jamás había oído decir "por favor", se acercó, dejando al rey y a cuantos allí estaban sorprendidos de la eficacia del primer conjuro. El rey, tras mirar el pavo con poco interés, dijo:

- Gracias, Apolonio, puedes retirarte.

Y el sirviente se alejó sonriendo. ¡Había funcionado! y además, ¡Apolonio seguía bajo su poder, tal y como había dicho el extraño!. El rey, agradecido, colmó al joven de riquezas, y éste decidió seguir su viaje.

Antes de marcharse, el anciano mago del reino se le acercó, preguntándole dónde había obtenido tan extraordinarios poderes mágicos, rogándole que los compartiera con él. Y el joven, que no era más que un inteligente profesor, le contó la verdad:

- Mi magia no reside en esos pergaminos sin valor que escribí al llegar aquí. La saqué de la escuela cuando era niño, cuando mi maestro repetía constantemente que educadamente y de buenas maneras, se podía conseguir todo. Y tenía razón. Tu buen rey sólo necesitaba buenos modales y algo de educación para conseguir todas las cosas justas que quería.

Y comprendiendo que tenía razón, aquella misma noche el mago se deshizo de todos sus aparatos y cachivaches mágicos, y los cambió por un buen libro de buenos modales, dispuesto a seguir educando a su brusco rey.

Autor.. Pedro Pablo Sacristán