martes, febrero 22

EL ORIGEN DE LAS VACACIONES


En la antigua Roma los Díes Vacantes (de Vacatio, exento de obligación) eran, al contrario que en la actualidad, los días en los que se trabajaba pero que estaban exentos de obligaciones religiosas.

Más tarde, en la edad media, y según consta en Las Partidas de Alfonso X, los campesinos tenían derecho a las vacatio judiciales, o lo que es lo mismo a las vacaciones judiciales. Vacaciones algo peculiares, ya que eran el derecho que tenia el campesinado a no ser citado por los tribunales durante los dos mees de máxima labor en el campo, que coincidían con el verano, para que estos no descuidasen sus obligaciones.

Como los jueces se verian con poco trabajo, pues decidieron tomarse el verano (coincidiendo con el mayor rendiemiento del campo) de descanso, y por ello se tomaron tres meses de vacaciones. Cómo el Clero vieron en que consistia el negocio, pues ellos también se tomaron sus mesecitos de descanso en el verano, y como eran ellos los que practicamente impartian docencia, pues los niños tambien gozaron de dicho privilegio.

Las primeras referencias del turismo moderno aparecen escritas por Hipólito Taine, describe en su libro Orígenes de la Francia Contemporánea cómo se impuso la costumbre de veranear entre los aristócratas franceses del siglo XVIII: con la llegada del verano, escribe Taine, los nobles se dedicaban a comer, bailar, cazar y "desempeñar la comedia de la aristocracia, cuyo primer deber era la hospitalidad". Los nobles residentes en Versalles y en París viajaban a la Champagne, donde la riqueza era ostentada en interminables caravanas de coches y caballos, una mesa bien servida y el alojamiento dispuesto para el primer hidalgo andariego que golpeara a la puerta del castillo.

En 1836 se publicaron en Alemania las primeras guías de viajeros y empezaron a construirse hoteles en los nuevos balnearios. Con la expansión del ferrocarril, las clases populares pudieron hacer sus primeras incursiones en el turismo moderno. El Viajero advierte que hubo que esperar hasta el siglo XX para que la clase media —la gran mayoría— se hiciera acreedora a su merecido descanso estival.

lunes, febrero 21

FEBRERO

Febrero ocupaba el último lugar entre los antiguos Romanos, mientras que en el calendario actual lo encontramos en segundo término.

La voz latina "Februarius", origen del nombre del mes se deriva de febrau o febraule, término con que los Romanos designaron ciertos sacrificios y ceremonias religiosas que efectuaban en los últimos días del año como desagravio a los dioses por los pecados cometidos y por el eterno descanso del alma de los muertos.

También se piensa que Febrero se llama asi porque el mes estaba consagrado a Jano, diosa que los Romanos llamaban Februta o Frebrúa.

Historia

En el calendario de Rómulo no se encontraba este mes, que fue añadido al final del año por Numa Pompolio, hasta que en la época de los decenviros fue colocado en el lugar que ocupa actualmente. Se le ponía bajo la protección de Neptuno y se le representaba por una mujer vestida de azul que entre sus manos sujetaba un ave acuatica y sostenia en su cabeza un depósito del que salía abundante agua, representando con esto las abundantes lluvias que se desatan en el mes.

Sosígenes, ilustre astrónomo alejandrino, fue quien en el año de 47 A. de J.C., fue llamado por Julio Cesar para arreglar el calendario recogiendo el sobrante del cuarto día astronómico, fijó cada cuatro años un día intercalado en febrero, pero a su cálculo le faltaron 11 minutos, 12 segundos para que fuera exacto y esto dio origen a la reforma gregoriana en 1528.

El nombre de Febrero significa mes de la purificación, porque en esta época del año tenían lugar grandes fiestas y procesiones en Roma en las que se limpiaba la ciudad de toda clase de inmundicias esparciendo en los lugares aseados sal caliente. Los antiguos germanos le dieron el nombre de Hormung, o sea "cuerno pequeño" en contraposición a Enero al que llamaban "cuerno grande" por su mayor duración en el calendario republicano francés se denominaba "Ventose" a una parte del mes de Febrero y "Pluviose" a la restante. Entre los egipcios el segundo mes del año era conocido como paophi y se dedicaba a Osiris. En el calendario caldeo-macedónico, Airu y en el árabe actual, Safar

martes, enero 4

SANTIAGO A MIL...¡YA COMENZO!!!


Informate aqui:
http://www.santiagoamil.cl/es/

Año Nuevo


Jano, rey de Italia deificado por los romanos era considerado como guardián del cielo además de protector de los atrios y puertas de los hogares. Su templo que tenía doce puertas correspondientes a cada uno de los meses del año, permanecía abierta durante los tiempos de guerra y cerrado cuando la paz reinaba en el imperio. Todo romano que deseaba emprender bien un negocio o finalizar con éxito feliz una empresa, acudía a postrarse ante el dios del doble rostro a quien contemplaba erguido en su pedestal, con una varilla en una mano, señal de que presidía los caminos públicos y una llave en la otra para abrir el año.

El primer día del mes, los romanos ofrecían a Jano, en señal de pleitesía, una torta de pan hecha de harina previamente amasada con sal y vino; además era de rigor olvidar durante esos días los odios e indisposiciones hacia otras personas trocándolas por sentimientos de amistad que se manifestaban en cambio de obsequios y presentes. Los cónsules tomaban posesión de su elevado ministerio precisamente el día primero de enero y hacían votos fervientes durante la solemne función religiosa que se verificaba en el Capitolio, por la prosperidad de la nación. Los antiguos hebreos llamaron a este mes "Sabahut" que significa ara: en el calendario egipcio era conocido como Thort y se dedicaba a Mercurio; en el caldeo-macedónico, Nisanu y en el árabe actual, Moharrem. El primer mes del año significa para nosotros el comienzo de una nueva era en la que proponemos reformar siempre nuestros pasados errores, atendiendo al refrán "año nuevo, vida nueva", aunque muchas veces tal propósito no pasa de simple promesa.

martes, diciembre 21

PAN DE PASCUA LIGHT


375 calorías tiene una porción de pan de pascua tradicional. La receta light sólo 181.
• 3 tazas de quínoa cocida;
• ralladura de 2 naranjas;
• 1 taza de harina de mandioca;
• 1 taza de maicena;
• 12 cucharaditas de sucralosa;
• 2 cucharaditas de polvos de hornear;
• 1/3 taza de chocolate light;
• nuez moscada, jengibre;
• clavo de olor;
• canela;
• media taza de nueces;
• media taza de almendras;
• 2 tazas de manzana deshidratada;
• 1 taza de arándanos;
• 1 cucharada de esencia de almendra;
• 2 cucharadas de esencia de ron;
• 1 cucharada de esencia de anís;
• 2 cucharadas vainilla;
• 2 tazas leche descremada sin lactosa;
• 3 a 4 huevos enteros.
Preparación: Mezcle la quínoa con la ralladura de naranja, harina, maicena, sucralosa, chocolate y frutas. Aparte, bata los huevos, separando yemas de claras. Agregue los huevos a la mezcla y lentamente agregue la leche. Luego las esencias. Lleve al horno por 45 minutos en un envase forrado con papel mantequilla y aceite en spray.

BULÁ, EL VIAJERO



Hace muchos, muchos años, un gran señor llamado Bulá reconoció en el cielo signos nunca vistos. Anunciaban la llegada del más grande de los reyes que el mundo hubiera conocido. Asombrado por tanto poder, el rico señor decidió salir en su búsqueda con la intención de ponerse al servicio de aquel poderoso rey y así ganar un puesto de importancia en el futuro imperio.
Juntando todas sus riquezas, preparó una gran caravana y se dirigió hacia el lugar que indicaban sus signos. Pero no contaba aquel poderoso señor con que el camino era largo y duro.
Muchos de sus sirvientes cayeron enfermos, y él, señor bondadoso, se ocupó de ellos, gastando grandes riquezas en sabios y doctores. Cruzaron también zonas tan secas, que sus habitantes morían de hambre por decenas, y les permitió unirse a su viaje, proporcionándoles vestido y alimento. Encontró grupos de esclavos tan horriblemente maltratados que decidió comprar su libertad, constándole grandes sumas de oro y joyas. Los esclavos, agradecidos, también se unieron a Bulá.
Tan largo fue el viaje, y tantos los que terminaron formando aquella caravana, que cuando por fin llegaron a su destino, apenas guardaba ya algunas joyas, una pequeñísima parte de las que inicialmente había reservado como regalo para el gran rey. Bulá descubrió el último de los signos, una gran estrella brillante tras unas colinas, y se dirigió allí cargando sus últimas riquezas.
Camino hacia el palacio del gran rey se cruzó con muchos caminantes pero, al contrario de lo que esperaba, pocos eran gente noble y poderosa; la mayoría eran pastores, hortelanos y gente humilde. Viendo sus pies descalzos, y pensando que de poco servirían sus escasas riquezas a un rey tan poderoso, terminó por repartir entre aquellas gentes las últimas joyas que había guardado.
Definitivamente, sus planes se habían torcido del todo. Ya no podría siquiera pedir un puesto en el nuevo reino. Y pensó en dar media vuelta, pero había pasado por tantas dificultades para llegar hasta allí, que no quiso marcharse sin conocer al nuevo rey del mundo.
Así, continuó andando, sólo para comprobar que tras una curva el camino terminaba. No había rastro de palacios, soldados o caballos. Tan sólo podía verse, a un lado del camino, un pequeño establo donde una humilde familia trataba de protegerse del frío. Bulá, desanimado por haberse perdido de nuevo, se acercó al establo con la intención de preguntar a aquellas gentes si conocían la ruta hacia el palacio del nuevo rey.
- Traigo un mensaje para él- explicó mostrando un pergamino -. Me gustaría ponerme a su servicio y tener un puesto importante en su reino.
Todos sonrieron al oír aquello, especialmente un bebé recién nacido que reposaba en un pesebre. La mujer dijo, extendiendo la mano y tomando el mensaje:
- Deme el mensaje, yo lo conozco y se lo daré en persona.
Y acto seguido se lo dio al niño, que entre las risas de todos lo aplastó con sus manitas y se lo llevó a la boca, dejándolo inservible.
Bulá no sonrió ante aquella broma. Destrozado al ver que apenas tenía ya nada de cuanto un día llegó a poseer, cayó al suelo, llorando amargamente. Mientras lloraba, la mano del bebé tocó su pelo. El hombre levantó la cabeza y miró al niño. Estaba tranquilo y sonriente, y era en verdad un bebé tan precioso y alegre, que pronto olvidó sus penas y comenzó a juguetear con él.
Allí permaneció casi toda la noche el noble señor, acompañando a aquella humilde familia, contándoles las aventuras y peripecias de su viaje, y compartiendo con ellos lo poco que le quedaba. Cuando ya amanecía, se dispuso a marchar, saludando a todos y besando al niño. Este, sonriente como toda la noche, agarró el babeado pergamino y se lo pegó en la cara, haciendo reír a los presentes. Bulá tomó el pergamino y lo guardó como recuerdo de aquella agradable familia.
Al día siguiente inició el viaje de vuelta a su tierra. Y no fue hasta varios días después cuando, recordando la noche en el establo, encontró el pergamino entre sus ropas y volvió a abrirlo. Las babas del bebé no habían dejado rastro del mensaje original. Pero justo en aquel momento, mientras miraba el vacío papiro, finísimas gotas de agua y de oro llenaron el aire y se fueron posando lentamente en él. Y con lágrimas de felicidad rodando por las mejillas, Bulá pudo leer:

Recibí tu mensaje. Gracias por tu visita y por los regalos que trajiste de tus tierras para todos los amigos míos que fuiste encontrando por el camino. Te aseguro que ya tienes un Gran Puesto en mi Reino.

Fdo.: Jesús, Rey de Reyes


Autor.. Pedro Pablo
Sacristán